Por: Elva Rondo
Mayordomía cristiana
Cuantos de nosotros hemos tenido la oportunidad de realizar una tarea encomendada, o teniendo una virtud la hemos desperdiciado, simplemente por descuido o falta de interés en el asunto. Hoy El Señor nos llama a reflexionar sobre todo lo que se nos ha encomendado y su correcta administración.
Veremos primero el significado de la palabra “Mayordomo”, en el hebreo y en el griego, y lo que significaba para la gente de ese tiempo.
MAYORDOMO. En hebreo, generalmente es sar, “aquel que está a la cabeza”. En griego “mayordomo” o “administrador” de los bienes dela casa de otro, el que dirigía al personal y llevaba las cuentas de la casa.
En el evangelio según San Lucas en el capítulo 16 versículos del 1 al 15 el Señor Jesucristo nos habla de un mayordomo - que como ya vimos en el contexto era el administrador de la casa - éste hombre (que representa a Dios) era rico, y padre de familia, a la cual, no hacía faltar nada, y él contaba con que su mayordomo le sea fiel.
Pero este mayordomo que era un hombre de edad avanzada, y
que tenía renombre entre la sociedad en la cual se movía, pero llegó un día en
que su Señor le pide cuentas ya que dejará la mayordomía debido a que llegó a
sus oídos que su mayordomo despilfarraba su dinero, entonces el mayordomo
planea engañarlo, ya que como él mismo dice, es demasiado viejo para conseguir
un nuevo trabajo, y el pedir limosna le daba vergüenza, entonces urde un plan
para que le den empleo, y es hacer que sus deudores ser rebajen ellos mismos
sus deudas con su amo, al primeo le rebaja un ¡50% de su deuda!, al segundo
un ¡20%!
Cuando su amo se entera de lo que hizo su mayordomo, ¡alaba su astucia!, entiéndase bien alaba la astucia no la maldad ni la deslealtad de su mayordomo, y eso es algo que es muy cierto, ya que muchas veces (sino la mayoría de las ocasiones) las personas no convertidas son más astutas que las personas que están dentro de la iglesia, eso es lo que mal llamamos “viveza criolla”, y el Señor Jesús ironiza al decir “Y yo os digo: Ganad amigos por medio de las riquezas injustas, para que cuando éstas falten, os reciban en las moradas eternas.”, evidentemente que los ladrones no pueden ingresar al reino de los cielos, además ¿quién lo contrataría después de haber actuado de esa forma con los deudores de su amo?, ¿alguien le tendría un poco de confianza?, ¡nadie!, por ello el Señor dice que el que es fiel en lo poco, lo es también en lo mucho, lo que enfatiza el Señor es la honradez con un contraejemplo, y nos muestra irónicamente, lo que acontecerá a aquellos que maquinan estafas, fraudes y cosas similares.
Nos dice claramente “Ningún
siervo puede servir a dos señores;
porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al
otro. No podéis servir a Dios y a las
riquezas”, aquí la palabra “riqueza”
es sinónima de “MAMÓN” que es
la personificación idolátrica del dinero, por lo que amar a las riquezas es
sinónimo de idolatría y esto nos aleja de Dios.
Ahora bien,
las riquezas no son malas en sí, lo que es malo es amar a las riquezas más que
a Dios, es decir, hacer la acumulación de riquezas el objetivo de la vida.
Mientras el
Señor hablaba lo oían también – y atentamente – los Fariseos, una secta judía
de esa época que gozaban de bastante prestigio entre la gente común, y se
burlaban de lo que decía, la escritura dice textualmente que ellos eran avaros
(que acumulaban riquezas para sí de una manera desmedida) y que hacían burla de
las enseñanzas apoyados en sus riquezas, lo mismo que sucede actualmente cuando
personas de bastante poder económico hacen escarnio del evangelio de nuestro
Señor Jesucristo, pero ni aún con todo su dinero y poder no pueden comprar un
día de sol.
Jesús les
dice que ellos intentaban auto justificarse, pero que Dios conoce sus
corazones, ya que Él no puede ser engañado, lo que para los hombres es sublime,
delante de Dios es abominación. Cualquier cosa que sea más importante que
nuestro amor hacia Dios es una abominación para Él.
Lo que
podemos concluir del estudio de este pasaje es que Dios demanda de todos
nosotros completa fidelidad y eficiencia
en la administración de las riquezas espirituales y materiales que Él nos ha
dado.